Comunicar cultura no es solamente publicar una actividad.
No basta con informar una fecha, un horario o una dirección.
La comunicación cultural empieza cuando somos capaces de conectar una actividad con la historia, la identidad y la vida cotidiana de una comunidad.
Un taller puede ser mucho más que un taller.
Puede ser un lugar de encuentro.
Una forma de recuperar un oficio.
Una oportunidad para que distintas generaciones compartan.
Una manera de volver a mirar el barrio desde otro lugar.
Lo mismo ocurre con el patrimonio.
No se trata solo de conservar edificios, fotografías o relatos.
Se trata de mantener viva la memoria de quienes construyeron un territorio y de ayudar a que nuevas generaciones comprendan por qué esa historia sigue siendo importante.
Desde mi trabajo como Experto en Comunicación y Difusión en la Corporación de Cultura y Patrimonio de Independencia, he podido confirmar algo que considero fundamental:
La cultura conecta cuando deja de sentirse lejana.
Cuando tiene rostro.
Cuando tiene barrio.
Cuando tiene memoria.
Por eso, comunicar cultura no es llenar una agenda.
Es construir pertenencia…